Columna Oficial de Combate y Doctrina Sindical / Eje 5 de las Demandas CAT
Compañeras y compañeros, trabajadores y trabajadoras de todo Chile:
Hay momentos en la historia de los pueblos en que las medias tintas se acaban. Hoy no nos encontramos frente a una discusión política común y corriente ni ante un mero cambio de administración de turno. Estamos parados exactamente sobre un punto de quiebre histórico: o nos ponemos de pie con una sola voz para defender lo que conquistaron nuestros abuelos y padres a pulso de marchas y sacrificios, o permitimos que una clase dominante insaciable le pase la aplanadora a décadas de conquistas laborales, sociales y políticas.
Hablemos claro y sin rodeos. El bloque político y económico que hoy gobierna y presiona en los directorios empresariales no apareció de la nada: encarna la continuidad viva de un proyecto profundamente antitrabajador y antidemocrático. Son los herederos directos de aquella misma oligarquía que, cuando los obreros exigieron dignidad y trato humano, mandó a disparar a mansalva en la Escuela Santa María de Iquique, en la Oficina Salitrera La Coruña y en la Plaza Colón de Antofagasta. Son los continuadores de quienes aplaudieron el despojo a sangre y fuego durante la dictadura de Pinochet, arrebatándonos de cuajo las leyes protectoras del trabajo.
Hoy esa misma patronal, vestida de cuello y corbata, viene por todo: pretenden desmantelar el descanso, abaratar el despido, maniatar la huelga, liquidar los servicios públicos y devolver a la fuerza de trabajo a un estado de sumisión total.
La memoria viva no es museo: es el fierro con el que forjamos la lucha
Frente a esta arremetida salvaje, recordar no es mirar con nostalgia fotos en blanco y negro. La memoria histórica de los trabajadores es un arma cargada de presente.
A nosotros nadie nos regaló la jornada de trabajo, el descanso dominical, el salario, la seguridad social ni el fuero sindical. Ningún directorio patronal despertó un día conmovido a concedernos derechos por bondad. Cada letra que nos defiende en la ley está marcada por el sudor, la cárcel, la persecución y las vidas de miles de hombres y mujeres que nos precedieron y que cayeron de frente por no arrodillarse.
Honrar a esos mártires de la pampa salitrera, de las minas del carbón, de las fábricas textiles y del campo no es encenderles una vela de resignación: es asumir en este preciso instante el deber ético y político de cuidar lo que dejaron y empujar la rueda para que nuestros hijos no vivan como esclavos modernos.
En esta hora decisiva, los gigantes del sindicalismo chileno nos marcan el paso y nos iluminan la brújula:
- El compañero Luis Emilio Recabarren nos enseñó con sabiduría que frente a la voracidad insaciable del capital no existe más arma ni más escudo que la organización consciente, la educación popular y la solidaridad de clase.
- Don Clotario Blest nos demostró en la práctica cotidiana que para frenar a los patrones y a los gobiernos que les sirven de capataces es obligatorio poner por delante la unidad de la clase trabajadora, pasando por encima de cualquier pequeñez partidaria, cualquier ego de dirigencia o cualquier frontera de gremio.
La lección que nos heredaron ambos es una verdad grabada en piedra: divididos nos pasan por encima y nos aplastan uno a uno; pero unidos y organizados somos la fuerza social capaz de frenar cualquier contrarreforma y abrir las puertas a una sociedad verdaderamente justa.
La dispersión sindical es complicidad: la unidad es supervivencia
Tenemos que hacernos una autocrítica honesta de cara al pueblo trabajador. La fragmentación sindical, el ego dirigencial, el caudillismo de oficina y el sectarismo ideológico son el mayor regalo que podemos entregarle en bandeja al gran empresariado.
La patronal está coordinada a nivel nacional: la CPC, la SOFOFA y el gobierno se sientan a una sola mesa a diseñar cómo mutilar las 40 horas, cómo rebajar la indemnización por años de servicio y cómo recortar el presupuesto de los hospitales y colegios. Y mientras ellos actúan como un solo bloque, nosotros no podemos darnos el lujo miserable de atrincherarnos en defensas gremiales aisladas ni en mirarnos con recelo entre hermanos de clase.
Pensar que un sindicato por ser grande se va a salvar solo, o creer que una federación puede negociar privilegios al margen del resto mientras hunden al gremio vecino, es una ilusión suicida. Cada fractura en nuestras filas, cada asamblea postergada por desidia y cada disputa artificial entre organizaciones es un metro cuadrado de terreno que le cedemos al avance de este gobierno patronal.
Hoy la unidad de las y los trabajadores no es un romanticismo ni una consigna vacía de pancarta: es un imperativo de subsistencia de la clase obrera.
El llamado de la CAT: Una sola trinchera para frenar el saqueo
Desde la Central Autónoma de Trabajadores y Trabajadoras de Chile (CAT), con la fuerza y la moral de una organización que no se dobla ante los partidos políticos ni ante los gobiernos de turno, hacemos un llamado amplio, urgente y fraternal:
Convocamos a todas las centrales sindicales del país, a las confederaciones del cobre, del retail, del transporte, de la industria, del agro y del mar; a las federaciones del sector público civil y de la salud; a cada sindicato de base de norte a sur y a las asociaciones de funcionarios: es la hora de deponer cualquier diferencia menor y conformar una gran articulación unitaria nacional de los trabajadores.
No hay tiempo que perder. Nos tenemos que encontrar:
- En las asambleas de base: Debatiendo los 5 Ejes de demanda de la CAT, explicando a cada compañero y compañera el peligro de las contrarreformas que se cocinan a nuestras espaldas.
- En una Mesa Única de Acción Sindical: Trazando un pliego común y una hoja de ruta de movilización que no deje a ningún sector abandonado a su suerte.
- En las calles y faenas: Ejerciendo la solidaridad activa cuando un sindicato esté en huelga, parando la mano a los rompehuelgas y resistiendo juntos los despidos y la precarización.
La historia nos está mirando a los ojos. Que nadie se esconda en la burocracia ni espere que otros den la cara. Levantemos con orgullo los nombres de nuestros mártires y de nuestros líderes fundadores para decirle a quienes gobiernan para los ricos: ¡Chile no se remata y los derechos del pueblo trabajador no se transan!
¡Unidad en la acción de toda la clase trabajadora!
¡Honor y gloria a Luis Emilio Recabarren y Clotario Blest!
¡Los derechos no se negocian: se conquistan y se defienden!
CENTRAL AUTÓNOMA DE TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE CHILE (CAT)
Autonomía, Unidad, Dignidad y Lucha Popular


